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  • La Muralla China

    26 de septiembre de 2003 | publicado por Webmaster

    Cap铆tulo 4

    De ni帽a cre铆a fervientemente que la Gran Muralla hab铆a sido en tiempos lejanos una gigantesca serpiente alada que tras beber agua en el R铆o Amarillo qued贸 convertida en piedra. China que por entonces se desplazaba sobre una colosal tortuga milenaria cogi贸 la serpiente de piedra y la cosi贸 como basta del caparaz贸n. Los autores intelectuales de este encantamiento m谩gico no pod铆an ser otros que los chinos de bigotes tallar铆n.

    El m贸vil de delito: Evitar que tantos chinitos como chinitas se resbalaran cada vez que la tortuga apresuraba el paso. La prueba reveladora seria la Danza del Le贸n (o del Drag贸n como tambi茅n se le llama en Lima). En mi cerebro de Inspector Ardilla, no se trataba de un le贸n o un drag贸n sino m谩s bien, de la pariente asi谩tica de la boa del Principito. La danza representaba el d铆a en que finalmente la serpiente despertaba de su hechizo. Despu茅s de tres semanas en Beijing, he comprobado que mi historia no es un cuento chino.

    Una hormiga. As铆 me sent铆a esa ma帽ana en que recorrimos la Gran Muralla China. Pero no cualquier hormiga. Me sent铆a la Hormiga At贸mica. Quiz谩s porque integraba el equipo de los amigos de Ultraman y Ultrasiete. El mismo grupo de japoneses que hace dos semanas derrotaron a un virus m谩s poderoso que Godzila hasta expulsarlo de mi laptop. Michiko, mi compa帽era de cuarto, que ya me ha visto caer aparatosamente de la bicicleta, decidi贸 por mi seguridad que ir铆amos juntas.

    La excursi贸n fue organizada por el Departamento de Estudiantes Extranjeros de BeiDa y costaba apenas 6 d贸lares, incluyendo el transporte, el ticket y la comida. Los 50 cupos se acabaron en menos de una hora. A las ocho en punto, arranc贸 el bus con 48 de los inscritos. Algunos minutos despu茅s, los otros dos que faltaban corr铆an detr谩s del veh铆culo intentando pararlo a gritos. Cuando el carro por fin se detuvo, cansados, sudorosos y aparentemente molestos subieron dos estudiantes cubanos. 鈥淐hico, pero 驴qu茅 es esto?鈥, le increpaba uno al otro mientras se sentaban. 鈥淪i apenas son las ocho y unos minuticos鈥, respond铆a el camarada.

    De acuerdo al programa colocado en el panel, el bus partir铆a a las 8 a.m., desde la puerta principal de Shao Yuan en la Universidad de Peking. Tardar铆amos una hora en llegar hasta el sector mas visitado de la Gran Muralla. Volver铆an por nosotros a las 2 p.m. para llevarnos a un restaurante de comida internacional. A las 4 se hab铆a programado un city tour por la ciudad de Beijing pero sin bajar del auto. La excursi贸n finalizaba a las 5.30 p.m., hora en que seg煤n el programa, el autob煤s retornar铆a por la puerta norte de BeiDa para dejarnos en el lugar de inicio.

    La noche anterior al paseo Michiko sugiri贸 que si el carro part铆a a las ocho, entonces, hab铆a que llegar a Shao Yuan por lo menos 15 minutos antes. Es decir: 7.45 a.m. Pero considerando que en la lista figuraban 50 estudiantes y no todos pueden subir al mismo tiempo, har铆amos una fila. Mejor 7.35 a.m. Como frente a Shao Yuan hay una peque帽a cafeter铆a podr铆amos desayunar all铆, a las 7 a.m. Michiko hab铆a calculado que bastaban 3 minutos para cruzar la pista de este punto al otro.

    Sin embargo, aquella cafeter铆a tan bien ubicada estar铆a llena de estudiantes ese d铆a. Entonces, 6.45 a.m. Para llegar a esa hora era necesario salir de casa 15 minutos antes. O sea, 6.30 a.m. Eso implicaba que hab铆a que despertarse a las 6 de la madrugada. Michiko supuso que como todas las chicas del piso se apuntaron para el viaje, las duchas estar铆an llenas. Lo ultimo que le escuch茅 decir, antes de irme a dormir, fue: 鈥淰oy a poner el despertador a las 5.45 a.m. 驴Est谩 bien Paty chan?鈥 No dije nada, cerr茅 los ojos para que no siguiera adelantando el tiempo.

    Pero Michiko tuvo raz贸n y todas sus predicciones se cumplieron al d铆a siguiente. Por eso no me extra帽贸 en lo absoluto que despu茅s de arribar a la Muralla China y formar los grupos, Sekiyama san, el jefe de mi equipo, hiciera exactamente lo mismo, pero esta vez mirando su reloj, Made in Japan. No solo eso, distribuy贸 las tareas.

    Nakamura san fue el responsable de controlar el paso del tiempo. Hab铆a que volver al punto de encuentro a las 2 de la tarde. (Yo imaginaba que tomar铆a en cuenta el factor cansancio, a la hora de calcular los minutos en la vuelta). Mori san que hab铆a tra铆do desde Tokio una gu铆a tur铆stica, era el encargado de mencionar las referencias hist贸ricas de cada lugar exacto que descubr铆amos a nuestro paso. Por 煤ltimo, Maesaka san, cargar铆a con un peque帽o malet铆n de primeros auxilios.

    La Gran Muralla China, seg煤n le铆a Mori san en su libro, empez贸 a construirse alrededor del a帽o 221 a.C por orden del emperador She Huangti en sus territorios que se extend铆an desde el Oc茅ano Pacifico hasta Mongolia y desde Corea hasta Vietnam. Para unificar su imperio y protegerlo de las incursiones b谩rbaras, uni贸 entre si, los muros levantados en lugares estrat茅gicos por los peque帽os poblados. Pero como esto no bastaba, emprendi贸 la edificaci贸n de una muralla para lo cual reclut贸 un ej茅rcito de soldados, campesinos y artesanos. Tarea que fue continuada por las dinast铆as siguientes. Mucho tiempo despu茅s, en el siglo XVI, la obra original fue restaurada y aparentemente concluida.

    Hoy la muralla alcanza una altura de 6 a 8 metros y un ancho superior de 4 a 5 metros que permite recorrerla desde lo alto. Tiene una longitud de 3.500 kil贸metros, interrumpida a intervalos por torres de vigilancia. Desde tierra es lo m谩s parecido a una gigantesca monta帽a rusa, con todas sus subidas y bajadas. Desde un avi贸n, puede confundirse con un camino o con una fortificaci贸n. Desde la Luna, es la 煤nica obra, construida por la mano del hombre, visible con un telescopio, dicen. Sin embargo, debido a su recorrido sinuoso a trav茅s de las cordilleras monta帽osas, yo insisto que es una enorme serpiente de piedra.

    Y all铆 est谩bamos esa ma帽ana, contemplando esta maravilla, mientras el sol se despertaba y Michiko lo deten铆a con su sombrilla. Me percat茅 que cada uno de mis amigos japoneses cargaba exactamente lo mismo en sus mochilas: Una botella con agua, la c谩mara fotogr谩fica digital (esas nuevas que parecen lapiceros), un plano para volver a BeiDa, una casaca, un paraguas por si llov铆a y un gorrito de pescador por si el sol quemaba (a excepci贸n de Michiko que hab铆a comprado una t铆pica sombrilla china). Subidos a esta monta帽a rusa del tiempo y de la historia bastaba levantar el dedito para tocar las nubes.

    Pero la Gran Muralla China no seria la 煤nica sorpresa que el d铆a me deparaba. Seg煤n acordamos por correo electr贸nico, esa misma noche cenar铆a con mi asesor, el Dr. Pan Wei, para conocernos formalmente y explicarle el tema de mi investigaci贸n, en la Escuela de Estudios Internacionales de la Universidad de Beijing. Dijo que me esperaba a las 7.30 p.m. en la mesa n煤mero 4 de un acogedor restaurante frente a BeiDa. Por mi parte me hab铆a preparado para este primer encuentro como si marchara a la guerra. Estaba muy intrigada por conocer al hombre que despertaba tan curiosos y efusivos comentarios.

    La primera persona que me habl贸 de el fue la secretaria del Departamento Acad茅mico. Ley贸 la carta que la Escuela me enviaba, subray贸 el nombre de mi asesor, baj贸 una ceja y me dijo: 鈥淓s muy guapo鈥. M谩s tarde le mostr茅 el documento a mi profesor de Pol铆tica Econ贸mica Internacional, un tipo alegre, gordito y conversador, al cual yo llamo Dr. Ding Dong (su verdadero nombre es Ding Dou). Me dijo: 鈥淓l doctor ha hecho estudios en Berkeley y Harvard. Escribe art铆culos en revistas especializadas y realiza investigaciones con organismos mundiales. Desde sus 茅pocas de estudiante, aqu铆 en BeiDa, fue admirado鈥.

    Decid铆 hacer una encuesta final entre los estudiantes extranjeros m谩s antiguos de la Escuela. Cuando le mencione el nombre de mi asesor al muchacho venezolano que lleva aqu铆 tres a帽os me corrigi贸 en el acto. 鈥溌緼caso est谩s hablando de su eminencia, el honorable doctor?鈥. La chica ecuatoriana que hab铆a escuchado nuestra conversaci贸n me mir贸 con pena y exclam贸: 鈥淢e han dicho que hasta el d铆a de hoy, solamente tres estudiantes extranjeros lograron su aprobaci贸n鈥. 鈥淓so no es cierto鈥, replic贸 el venezolano. 鈥淔ue solo uno y yo lo conoc铆鈥.

    Con estos antecedentes en mi memoria fui al lugar de la cita. Un hombre sentado en la mesa n煤mero 4 le铆a una revista de pol铆tica en ingl茅s. Cuando me vio llegar, el doctor se puso de pie y me dio una c谩lida bienvenida. Lo primero que me pregunt贸 fue: 鈥淪u curr铆culum dice que usted es periodista y ha estado en la guerra de Afganist谩n e Iraq. 驴Es eso cierto?鈥 S铆, le respond铆. Y en los siguientes 10 minutos le cont茅 mi vida, pasi贸n y obra, tratando de impresionarlo.

    Su segunda pregunta me puso en apuros: 鈥溌緾u谩l es su plan de trabajo en BeiDa y qu茅 espera de m铆?鈥 Baj茅 la cabeza y le dije la verdad. Que el tema de mi investigaci贸n no estaba todav铆a bien definido, que tenia muchas dudas, muchas preguntas, muchas inquietudes y ninguna certeza. Tambi茅n le ped铆 que sea m谩s exigente conmigo de lo que sol铆a ser. Se r铆o.

    Durante la cena, el plato de entrada fue Afganist谩n; el de fondo Iraq; y el postre, China. Lo escuch茅 hablar con soltura y sin recato de la pol铆tica de su pa铆s. Intent贸 responder a la pregunta: 驴Por qu茅 hasta el d铆a de hoy China no abraza la Democracia?. 鈥淟o parad贸jico 鈥揹ijo- es que los lideres chinos no est谩n listos para ir a ninguna parte pero saben que tienen que ir a alg煤n lado鈥. Fue cr铆tico y acad茅mico a la hora de opinar respecto al tema delicado de la apertura internacional. El postre hab铆a sido lo mejor de la noche y yo me fui con la miel en los labios.

    El largo caminito que me lleva del p贸rtico de BeiDa hasta el edificio de los estudiantes extranjeros trajo a mi mente (que daba volantines sobre los mismos temas), la escena en la que el Dr. Pan Wei englut铆a sus tallarines. Ca铆 en la cuenta que hombres como 茅ste, hace miles de a帽os, encantaron a la serpiente alada para convertirla en un muro, y que solamente hombres como 茅ste, ten铆an el poder para desencantarla.

    Frente a una muralla, los que est谩n afuera la ven como barrera y los est谩n adentro, como trinchera de protecci贸n. Pero China que ya no viaja sobre una tortuga sino m谩s bien sobre el drag贸n de la econom铆a mundial, necesitar谩 que la serpiente alada despierte y se vaya a volar para que el drag贸n avance, y como dicen por aqu铆, haga del mundo su reino. 驴O ser谩 acaso otro cuento chino?

     

    Kepei
    Beijing, 26 de septiembre de 2003

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