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  • Las hijas de Eva

    10 de octubre de 2003 | publicado por Webmaster

    Cap铆tulo 6

    No fueron ni los ganchitos, ni el cordel, ni el tendedero, los verdaderos culpables. Tampoco el calz贸n de encaje, sospechoso n煤mero uno pues se escap贸 volando. Los autores intelectuales de la guerra del fin del mundo, que casi se desata en el quinto piso de Shao-Yuan la semana pasada, fueron los mismos piromaniacos de siempre: Los celos.

    Dignas hijas de Eva y su manzana, Atsuko y Susan en verdad no se peleaban por los ganchitos, el cordel o el tendedero. Poco importaba el calz贸n, aunque algunas cre铆an que este 煤ltimo s铆 estaba involucrado y pod铆a haber sido llamado como testigo. El m贸vil oculto por ambas tiene nombre, apellido, 26 a帽os, ojos color del t茅 y buen porte. Un estudiante franc茅s de historia del arte interesado en coleccionar piezas bellas.

    Carlo, as铆 se llama el arma de destrucci贸n masiva que sin saberlo, incit贸 un conflicto armado entre los pa铆ses lim铆trofes del quinto piso. Me lo cont贸 Efiwat, la muchacha nigeriana que aquella vez re铆a, la ma帽ana en que compart铆amos el mismo sof谩 en el balc贸n del quinto piso. Yo hab铆a llegado con el 煤ltimo n煤mero prestado de la revista Time, pero ella trajo consigo todos los rumores que circulaban en Shao Yuan. Efiwat estaba m谩s enterada del tri谩ngulo amoroso que cualquiera de sus v茅rtices.

    Si Michiko tiene el estilo distinguido y la gracia de una geisha, Atsuko podr铆a encarnar a una hero铆na de un manga o anime japon茅s, en donde la mujer dej贸 de ser y parecer la dulce Candy Candy, para convertirse en Lara Croft, de medidas perfectas e inteligencia cibern茅tica. Atsuko felizmente est谩 a la mitad del camino entre la primera y la 煤ltima, pero su destreza radica en que sabe muy bien d贸nde quiere llegar. Los a帽os que vivi贸 en San Francisco no solamente le sirvieron para aprender ingl茅s sino tambi茅n todos los recursos femeninos que utilizan las mujeres del otro lado del Pac铆fico, y que ella como japonesa desconoc铆a. A sus pocos a帽os es una experta en ciertas modalidades de guerra que los japoneses llamar铆an el arte de la almohada.

    Susan tampoco es una gringa convencional. Debido al trabajo de su padre, ha estudiado muchos a帽os en el Jap贸n. Tiene la sensibilidad necesaria para entender el Oriente y est谩 profundamente interesada en la relaci贸n que sostiene su pa铆s, Estados Unidos, con el continente asi谩tico. Algunos muchachos no la toman en serio hasta que la escuchan hablar de pol铆tica internacional. Si antes quedaron cegados por su cabello rubio y sus ojos azules ahora se quedan mudos ante su discurso. Ella sabe muy bien d贸nde y c贸mo apuntar. Y como ha nacido en el hemisferio norte, se siente libre, sin pena y sin culpa cuando su cuerpo que conoce el lenguaje universal, se expresa. Susan le llama el estudio de los intercambios de fluidos en los seres vivos.

    Solteras y cazadoras, Atsuko y Susan son bellas de cuerpo, mente, coraz贸n y esp铆ritu. En una mano portan el arma de la juventud, en la otra, cargan con la seguridad en s铆 mismas. El maestro Silvio Rodr铆guez les cantar铆a su canci贸n: 鈥淓va sale a cazar en celo/ Eva sale a buscar semilla/ Eva sale y remonta el vuelo/ Eva deja de ser costilla/ Eva cambi贸 la se帽al/ y encoge hombros a Ad谩n鈥. Que se cuide Carlo Magno, pens茅 sin dec铆rselo a Efiwat. Total ella solo quer铆a dos orejas que la escuchen y yo deseaba que termine pronto porque la revista Time no ten铆a mucho tiempo para m铆.

    Fue el tel茅fono y no la campana el que me salv贸 de morir ahogada en l铆os ajenos. Mi nueva amiga china Shi Lu, quien prefiere que le diga Linda, me llamaba por su celular para avisarme que ya hab铆a llegado con su bicicleta a las afueras del edificio de Shao Yuan. Seg煤n el reglamento de la Universidad de Beijing, a excepci贸n del personal de limpieza y vigilancia, ning煤n chino o china puede entrar al edificio de estudiantes extranjeros en BeiDa.

    En la puerta de ingreso, dos vigilantes que no entienden ingl茅s y no hablan con nadie, manejan las 24 horas, un panel de videoc谩maras colocadas en todos los pisos, los聽 corredores, las escaleras, los ambientes p煤blicos y los alrededores de Shao Yuan. Ese s谩bado, con mi nueva amiga que conoc铆 en la librer铆a, y que volv铆 a ver muchas veces en el mismo sitio, hab铆amos planeado visitar juntas el Palacio de Verano, hist贸rica residencia imperial que se ubica a unos minutos de BeiDa.

    鈥淒e tanto estar en el Internet, ya estoy viendo doble鈥 me dije cuando sal铆 de Shao Yuan y vi que mi amiga china se hab铆a duplicado. Frente a m铆, Shi Lu y Shi Xuan, cada una en su bicicleta y vestidas exactamente de la misma forma, re铆an felices con mi cara desconcertada. Una de ellas dijo: 鈥淵o soy Linda y ella es mi hermana gemela Victoria. No te lo dije porque quer铆a que sea una sorpresa鈥. Respir茅 aliviada porque comprob茅 que todav铆a no he perdido el juicio (mis abogados siguen peleando la batalla).

    Y all铆 铆bamos pedaleando esa ma帽ana de expedici贸n, el espejo, su reflejo y yo, por la inmensa avenida que nos conducir铆a finalmente al Palacio de Verano. Montadas en sus bicicletas, Linda y Victoria, se com铆an las pistas como hace un oso panda con el bamb煤. En cambio yo, me sent铆a la mam谩 de los pollitos, especialmente, cuando intentando seguirlas, me top茅 frente a frente con un cami贸n de carga, que provoc贸 el desmayo de Hong, mi bicicleta. Las hermanas Shi, enfurecidas con el camionero que hab铆a equivocado la ruta, le gritaron por ambas ventanas del veh铆culo. Imagino que el hombre pens贸 lo mismo que yo. Que de tanto manejar, ya estaba viendo doble.

    El Palacio de Verano nos esperaba majestuoso en compa帽铆a de sus vecinos, el Lago Kumming y la Colina de la Longevidad. Si bien fue el emperador Wanyanlian, el primero que instal贸 su residencia temporal al noroeste de la ciudad, esta morada imperial guarda las historias y los secretos de la dinast铆a Qing (1644-1911), desde su apogeo hasta su decadencia. Ocupa una superficie de 290 hect谩reas, con m谩s de 3 mil habitaciones, pabellones, salas, teatros y templos, enlazados por un inacabable corredor de 728 metros de largo, decorado con 8 mil pinturas que reflejan escenas de la historia, la literatura y la mitolog铆a china.

    Mi vista repos贸 en el dormitorio del palacio. Adem谩s de la cama real se exhibe un biombo, un abanico, un horno, un sill贸n y l谩mparas en forma de grullas. Sobre el biombo hay nueve dragones y 226 caracteres del t茅rmino Longevidad, escritos de distinta forma. Las hermanas Shi me explicaban que precisamente ese era el deseo m谩s so帽ado de los emperadores. Es comprensible dije, a mi tampoco me hubiese gustado mudarme de este jard铆n del Ed茅n.

    Despu茅s de tres horas con mis ojos abiertos como plato, mis gu铆as propusieron recorrer el lago en bote.聽 Al fondo aparec铆an las r茅plicas de los puentes m谩s famosos del Sur de China y del puente de Marco Polo con sus 17 arcos y en el cual se han esculpido 564 leones. 鈥淎 la emperatriz Ci Xi le gustaba pasear por aqu铆. Existe una fotograf铆a en la cual ella viste como la esposa de un pescador. Aparece acompa帽ada por Li Lianying, su eunuco preferido鈥, me dijo Victoria y sigui贸 hablando de ella como si la admirara.

    En 1860, estos famosos jardines fueron destruidos, incendiados y sus tesoros saqueados por el ej茅rcito anglo-franc茅s. Con los fondos destinados a las fuerzas navales, la emperatriz Ci Xi orden贸 en 1888 la reconstrucci贸n de lo que a partir de entonces se conoci贸 como el Palacio de Verano. Tuvo que pasar una d茅cada para que la belleza volviera como inquilina.

    Mucho se ha dicho pero poco se sabe con exactitud de la emperatriz Ci Xi. Cuentan que se alojaba al noroeste, en el Palacio Leshou (Alegr铆a longeva). Y que tambi茅n era adicta a los placeres de la mesa y a los banquetes en su honor. Durante cada uno de sus cumplea帽os se representaba 贸peras de buen augurio en el Jard铆n Dehe (Armon铆a virtuosa), teatro construido en los tiempos de la dinast铆a Qing.

    La emperatriz sub铆a sin problemas los 114 escalones para llegar al Pabell贸n Foxiang y venerar a Buda, recostado sobre la Colina de la Longevidad. Tanto le gustaba el lago que mand贸 a construir un barco de m谩rmol, tama帽o natural. Pero sin duda, el mejor regalo que recibi贸 fue en 1750 cuando la dinast铆a Qing fund贸 el jard铆n Qingyiyuan, en la misma Colina de la Longevidad para celebrar los 60 a帽os de la emperatriz Ci Xi.

    Las historias sobre esta poderosa mujer de la nobleza china navegaban en nuestro botecito dirigido por Victoria. Las hermanas Shi son tan iguales por fuera como distintas por dentro. Nacieron en un pueblito muy lejano, al noroeste de Beijing. El padre es botones y la madre es personal de limpieza en el mismo hotel. Si bien el gobierno ha dispuesto que cada familia solo puede tener un hijo o hija, los Shi dijeron no. Y entonces nacieron gemelas. Llegaron a la Universidad de Beijing becadas por ocupar el primer y el segundo puesto, en una re帽ida competencia escolar de su pueblo. Desde entonces, viven en BeiDa.

    Linda, la mayor por unos pocos minutos estudia literatura y ama los libros tanto como yo. La conoc铆 en la librer铆a y nos hicimos r谩pidamente amigas, porque en el fondo, las almas gemelas se reconocen a la distancia. Eligi贸 el nombre de Linda en recuerdo de su profesora de literatura inglesa que le abri贸 las puertas a la poes铆a de Occidente. Le dije que su nombre en castellano era sin贸nimo de bella y entonces me respondi贸 que se lo iba cambiar. Agreg贸: 鈥淟a 煤nica belleza que me interesa es aquella que el tiempo no se la lleva鈥.

    A pesar de que es la menor, Victoria daba las 贸rdenes en el Palacio Imperial y nosotras obedec铆amos. Su pasi贸n es la Econom铆a y est谩 fascinada de ver como el drag贸n amarillo de China pone en apuros al Occidente. Eligi贸 llamarse Victoria prediciendo el聽 futuro de su pa铆s y adem谩s, porque era el nombre de una reina, como su amada emperatriz Ci Xi. Con la vista al frente me dijo sin la menor duda: 鈥淐uando acabe en BeiDa estudiar茅 mi doctorado en Harvard鈥.

    Mientras el botecito se alejaba del Palacio de Verano, recordaba que cada qui茅n tiene su propia canci贸n. La m铆a es 鈥淗appy Valley鈥, una pieza de viol铆n que interpreta magistralmente la concertista Vanessa Mae. La primera vez que la escuch茅, hace algunos a帽os, tuve la impresi贸n que la m煤sica, sin necesidad de palabras, estaba hablando de m铆. De todos mis esfuerzos por hacer que mis sue帽os se conviertan en realidad, antes de que se vuelvan pesadillas.

    Quiz谩s por eso, soy una ballena que viaja por los oc茅anos, escuchando el sonido de su coraz贸n sin temor de varar en la orilla. Tambi茅n soy el perro que fiel vuelve a casa, y el murci茅lago que quiere absorber la vida de un solo trago. Pero el 2003 es particularmente especial en mi vida. El calendario chino celebra el a帽o de la Cabra. Como nac铆 en 1967, soy parte de esta grey. Y como toda cabra, tiro pa鈥檒 monte.

     

    Kepei
    Beijing, 10 de octubre de 2003

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    4 Comentarios en “Las hijas de Eva”

    1. andy dice:

      patrciaaa mas cartas de seda por favor

      • Capitan dice:

        Cada mes actualizaremos 6 nuevas historias… as铆 que ya vienen las 6 de marzo.

    2. PAOLA dice:

      Me atrapaste una vez m谩s, continuare en esta nave m谩gica a ver q otras aventuras encuentro.

      • Capitan dice:

        隆Gracias por venir a la nave! Vienen m谩s aventuras…

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